Que los niños aprendan a ser
agradecidos
Aprendamos a enseñar este valor a
nuestros hijos, la gratitud. Los niños tienen que aprender a ser agradecidos, a
dar las gracias. Alguien nos comentó que ha enseñado a sus hijos a dar gracias
por la comida, bien, empecemos por ahí. Desde el momento que una persona tiene
el plato de comida y puede comer, es un motivo para darle gracias a papá, a
mamá, a Dios, a todos los que intervinieron para que tuviera ese plato de
comida.
Hay millones de niños en el mundo
que no tienen qué comer, no tienen un pan que llevarse a la boca, y el hecho de
que usted sí tenga un plato, es invaluable; simplemente pásese usted unos días
sin comer y va a ver qué situación tan terrible, empiezan dolores espantosos
que alteran toda la vida de la persona. Enseñemos a nuestros hijos a dar
gracias por su plato de comida.
Que aprendan la Gratitud, es un
valor importantísimo y claro, que lo aprendan de sus padres, como siempre lo
enfatizamos, el buen ejemplo de los padres es muy positivo. ¿Es usted una
persona que da las gracias? A su esposa, ¿le da las gracias porque estuvo
sabrosa la comida, le valora eso? Recuerda el esfuerzo que tu hijo hizo en portarse bien en una fiesta o en una
reunión especial… ¿Le diste las gracias por ello? “Gracias hijo, te portaste
bien, te lo agradezco mucho, fuiste un buen ejemplo para tus hermanitos, te voy
a dar un premio…” ¿Usted da las gracias continuamente a sus familiares?
¿Realmente aprecia lo que ellos hacen?
La mejor manera es enseñar con el
ejemplo. Entendamos algo, como padres de familia, como autoridad en la casa,
podemos caer en el error de decir, “yo soy el que manda”, “yo soy el que pide y
los demás deben obedecer”.
Pero ellos no son esclavos y
usted no es un capataz, finalmente son sus hijos, es su esposa o su esposo, y
en este caso, aun cuando al darse una instrucción y ellos la cumplan de una
manera correcta, es motivo para darles las gracias por esa buena actitud que
manifestaron.
Porque no estamos hablando de
gente a la cual usted no conoce, es su propia gente, es su propia familia,
aprendamos entonces a darles las gracias “gracias hijo porque me ayudaste, lo
hiciste correctamente, me ayudaste mucho…”, etc. Eso hace que los hijos
fortalezcan su autoestima.
Asimismo, cuando los niños saben
dar las gracias a las personas, aprenden que los demás tienen un gran valor, y
tienen una dignidad la cual deben respetar; y que cuando alguien nos sirve, es
motivo suficiente para darle las gracias.
Ustedes papá y mamá, tienen
responsabilidades enormes, y una de ellas muy grande, es precisamente saber
dirigir a su familia, a sus hijos. Ustedes deben ser un ejemplo a seguir y
deben ser líderes, unos líderes que tengan gratitud y que sepan vivir
transmitir con palabras y hechos ese valor a sus hijos.
Quisiera retomar las palabras del
Prof. Humberto Ayup cuando habló sobre la necesidad del padre:
“El hombre es llamado a ser líder
en el hogar, a gobernar y dirigir, pero no en una forma autoritaria, sino
mediante el servicio ganarse el aprecio de su esposa y de sus hijos, los cuales
fácilmente se someterán a sus direcciones y guianzas, por el ejemplo y el
amor.”
El ejemplo es sumamente
importante. Cuánta gente quiere mandar y dominar a otros, y en el mundo eso es
lo que sucede: el más fuerte somete a los demás, pero eso es un sometimiento
resultado del terror, debido a una dictadura, debido a la destrucción de los
más débiles, y es una obediencia que no es genuina, es una obediencia basada en
el temor.
La verdadera obediencia, la que
brota naturalmente del corazón que ama, es aquella en la cual no hay presiones,
pues se ha fomentado a través del ejemplo del líder, a través del servicio que
éste ha brindado.
Cuando se les sirve a las
personas, cuando se ve por sus intereses, por sus necesidades, las personas
entienden algo: “esta persona me ama, esta persona me valora, esta persona me
quiere, ¿cómo no la voy a obedecer? ¿Cómo no le voy a decir que sí a la
instrucción que me está dando, cuando sé que lo hace para cuidarme pues siempre
me ha demostrado que me ama y que le importo?”
¿Quiere entonces usted que en
casa lo amen, lo sirvan, y que sean agradecidos con usted? Amelos usted
primero; sírvalos, escúchelos, juegue con ellos, gánese a sus hijos, gánese a
su cónyuge.
Agradecemos lo que apreciamos
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